junio 3, 2024

La leche ha sido un alimento básico en la dieta humana durante milenios debido a su alto valor nutricional, desempeñando un papel importante en el crecimiento y desarrollo humano. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), «la leche proporciona nutrientes esenciales y es una fuente importante de energía alimentaria, proteínas de alta calidad y grasa». Debido a esto, el análisis regular de la leche y los productos lácteos es crucial para garantizar su seguridad y calidad.

La cadena láctea abarca diferentes etapas antes de llegar al consumidor, y estas podemos resumirlas en producción, transporte, procesamiento, empacado y almacenamiento. Durante cada etapa, debemos establecer un control que nos garantice eficiencia, higiene y rentabilidad económica. Y, en base a estos pilares, se han desarrollado soluciones para garantizar la calidad, inocuidad y optimización del uso de esta materia prima y sus subproductos.

Se sabe que, si se comienza a trabajar con una materia prima de baja calidad, se terminará con un producto de baja calidad, y esta es una realidad en la industria láctea. El primer eslabón en la cadena de suministro lácteo es la recepción de leche, y aquí se debe tener mucho cuidado porque un cisterna que tenga una leche de baja calidad reducirá la calidad de un silo entero, lo que puede provocar la reducción de la vida útil de los productos. Por lo tanto, en esta etapa es crucial tener una herramienta que permita asegurar la calidad e higiene de la leche cruda de forma rápida y facilitar la toma rápida de decisiones.

Una herramienta muy novedosa para ayudar a los laboratorios de recepción de leche es el FOSS BacsomaticTM. Este equipo permite realizar un conteo individual de bacterias y células somáticas mediante un sistema de citometría de flujo, tomando aproximadamente 10 minutos para obtener un resultado. Y, en comparación con la metodología tradicional, reduce el tiempo de análisis, elimina el error humano y optimiza el proceso.

BacSomatic™

Otros controles importantes que se deben tener en cuenta son los fisicoquímicos, y aquí podemos ubicar metodologías de control de calidad e inocuidad como el uso de cromatografía líquida para la determinación de aflatoxina M1 en leche o la verificación de vitaminas en productos fortificados. Entre otras técnicas, también se puede hacer uso de la cromatografía iónica para verificar la lactosa en leche deslactosada o el uso de titulación para la determinación de cloruros, calcio y acidez, lo que ofrece la facilidad de poder aplicarse a infinidad de matrices, ya sea quesos, yogures, leche fluida, etc.

Todo este conjunto de técnicas y análisis ayudan a obtener un producto de calidad, uniforme e inocuo que cumpla con las necesidades de los consumidores, las regulaciones sanitarias, y lo más importante, es la oportunidad de mejora que existe al ejercer un control sobre cada proceso. Tomando en cuenta que las industrias se vuelven más competitivas cada día y que lo que no se mide no se puede mejorar.

Soluciones: