mayo 9, 2024

Las micotoxinas, metabolitos secundarios producidos por hongos como Aspergillus, Penicillium y Fusarium, representan una amenaza silenciosa pero significativa para la seguridad alimentaria y la salud animal y humana. Estas toxinas contaminan una amplia gama de insumos para la alimentación animal, y su proliferación está influenciada por factores ambientales como la humedad, la temperatura, las condiciones de almacenamiento y las prácticas agrícolas inadecuadas.

En 2023, fuimos testigos de fenómenos meteorológicos extremos y temperaturas superficiales récord. Estos cambios climáticos pueden tener un impacto directo en la prevalencia de ciertas micotoxinas. Las altas temperaturas pueden favorecer la presencia de fumonisinas (que aumentan en condiciones cálidas y secas) o aflatoxinas (que prosperan en condiciones cálidas y húmedas). Por otro lado, los frentes fríos y las inundaciones pueden conducir a una mayor prevalencia de zeralenona, deoxinivalenol y T2. Además, la floración y maduración tempranas de los cultivos pueden favorecer la contaminación por deoxinivalenol.

Según el reporte mundial de micotoxinas presentado por Cargill para 2023, se encontraron resultados positivos de contaminación con al menos una micotoxina en el 73% de los ingredientes a base de maíz, el 71% de ingredientes a base de cereales (trigo, cebada, sorgo, arroz), el 57% de ingredientes a base de semillas oleaginosas (soya, girasol, semilla de algodón, palma) y el 55% de los forrajes (ensilajes, henos). En Centro y Sur América, las micotoxinas que se recomiendan controlar principalmente son la fumonisina en el maíz y la zeralenona en todos los ingredientes, ya que el riesgo de infestación de fumonisina aumentó del 48% en 2022 al 62% en 2023.

El consumo de productos contaminados con micotoxinas puede tener efectos agudos tóxicos y efectos crónicos en la salud de animales y humanos. Estas toxinas pueden dañar diversos sistemas y funciones, como el sistema nervioso, pulmonar, hepático, renal, digestivo, endocrino, reproductor e inmunitario, además de ser factores cancerígenos. Los animales jóvenes, como los pollitos, lechones y terneros, son especialmente susceptibles al impacto de las micotoxinas. Además, se ha informado de la presencia de micotoxinas en productos alimenticios de consumo humano, como la aflatoxina M1 en la leche, la ocratoxina A en los riñones y los productos del cerdo, y la micotoxina T-2 en los huevos.

Para minimizar los riesgos de contaminación por estas toxinas y promover el éxito del proceso productivo, es fundamental implementar medidas preventivas y de control. Estas incluyen el adecuado almacenamiento, la cosecha en épocas idóneas, el uso de granos de buena calidad, el empleo de productos mitigantes de eficacia comprobada y la realización periódica de análisis de granos.

Los órganos legislativos han establecido niveles máximos (MLs) para las principales micotoxinas. De acuerdo con estas directrices, se han desarrollado métodos específicos de preparación y detección de muestras, como inmunoensayos enzimáticos, kits de flujo lateral (pruebas rápidas), cromatografía líquida (LC) con diferentes detectores ópticos, hasta UPLC-MS/MS con métodos de hasta 31 multi-toxinas, incluyendo el tratamiento previo de la muestra por SPE para limpieza y columnas de inmunoafinidad para apoyar con la concentración  de la toxina y mejorar los resultados cromatográficos en matrices complicadas.

Las micotoxinas representan un desafío global en constante evolución, potenciado por el cambio climático y sus efectos en la proliferación de hongos. Es fundamental tomar medidas preventivas y de control, así como mantener una vigilancia constante y el desarrollo de métodos de detección más precisos y eficientes. Solo mediante un enfoque multidisciplinario y colaborativo podremos mitigar los riesgos asociados a estas toxinas y garantizar la seguridad alimentaria y la salud animal y humana.

Soluciones:

Análisis de Micotoxinas

Rida Smart Box

Ensayos de Flujo Lateral